Cuidados del Clavel.

El clavel común crece fácilmente en suelos ordinarios y bien drenados. Requiere poco mantenimiento, aunque sí una buena iluminación. El riego también es importante para los claveles: debe ser constante aunque moderado. No debemos anegar la planta porque se pudrirá. En primavera y verano los riegos serán más habituales. Los deberemos realizar una vez al día.
Para abrirse, las plantas necesitan estar espaciadas al menos 30 centímetros (15 para las variedades enanas). Es recomendable también retirar las flores secas o dañadas regularmente para asegurarnos una floración abundante. Este periodo de floración se extiende generalmente desde el final de la primavera hasta las primeras heladas.
Los claveles se multiplican fácilmente por esquejes. Corta 10 tallos de 10 centímetros como mínimo, quita las hojas de abajo y replántalas. La utilización de complementos aunque no es indispensable, sí es aconsejable. Para realizar trasplantes, mejor realizarlos en otoño. A finales del mes de Abril siembra las semillas distanciadas 10 centímetros unas de otras, en un sitio donde vayan a tener una excelente iluminación (los claveles sí que pueden estar expuestas a pleno sol).
En la presentación de esta vistosa y conocida flor te hemos hablado de que, entre sus muchas propiedades, los claveles son plantas bastante aromáticas. Pero debemos tener cuidado con este aroma, pues no es del todo agradable para todos los olfatos. Es un aroma peculiar que muchas veces no gusta. Si te gusta el olor que desprende, piensa que además esta flor tiene la ventaja nada despreciable que aleja a los insectos dañinos y peligrosos para el jardín.

Las Euforbiáceas cuidados y mantenimiento.

Las Euforbiáceas ocupan los primeros lugares entre las familias más numerosas de las plantas de flor. Son plantas muy diversas en cuanto a forma y tamaño, robustas y nada exigentes, a prueba de olvidos y, con un colosal número de especies originarias de África y unas pocas de América, Madagascar y las Islas Canarias.

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El grupo comprende plantas anuales o perennes, arbustivas, herbáceas y algunas suculentas con aspecto de Cactáceas de formas extrañas.

Pueden ser muy diferentes entre ellas pero, comparten una gran resistencia y casi todas son perfectas para ambientes secos; con toda seguridad forman parte de la lista de plantas más fáciles y gratificantes de cuidar.

Todas las especies del grupo presentan “flores aparentes”, ya que en realidad se trata de brácteas coloreadas que encierran a las verdaderas flores.

Entre todo el inmenso número de plantas que conforman el género, la que tiene las brácteas más grandes y coloridas es la Euphorbia pulcherrima, popular planta conocida como Flor de Pascua.

Todas las Euphorbiáceas comparten un distintivo propio, se trata de un líquido lechoso tóxico que contienen los tallos, hojas y brácteas. Este líquido lo desprenden cuando se les practica una herida y es dañino si entra en contacto con las mucosas, llegando a producir inflamaciones serias.

Casi todos los componentes son plantas monoicas, lo que quiere decir que los elementos reproductivos de ambos sexos se encuentran en la misma planta.

Precisan de emplazamientos soleados o al menos altamente luminosos, cálidos, ligeramente más frescos en invierno; las plantas maduras tienen mayor poder de soportar climatologías adversas.

El riego, dependiendo de la temperatura, ha de ser moderado; en invierno requieren menos agua y es preferible regarlas por la parte inferior del contenedor.

Poseen unas características comunes, pero la enorme variedad también determina algunas diferencias en sus cuidados.