COMO PLANTAR ÁRBOL FRUTAL

DSC_0039

Antes de plantar un árbol necesitamos una preparación previa. En esta preparación consideraremos algunos aspectos tan importantes como:

– Elección de las especies y variedades más adecuadas: La elección depende de una serie de factores: el clima del lugar ( Procuraremos adquirir especies adecuadas a la zona climática) . Una manera muy práctica de acertar es tener en cuenta los árboles del entorno. Si el árbol escogido abunda en la zona es una muestra clara de que la especie en cuestión se adaptará bien en nuestro huerto o jardín. Si el ejemplar escogido no se encuentra en la zona es mejor asegurarse recabando información de la web, de un buen libro o acudiendo a un centro especializado.
Otro factor importante es la composición del suelo. Para que nuestro árbol crezca bien es importante que sea adecuado al tipo de suelo, si bien existen técnicas para cambiar o mejorar la composición del mismo.
Otra cuestión que debemos tener en cuenta es el tamaño de las especies o variedades escogidas. No tiene sentido plantar un árbol que tendrá un desarrollo muy grande en un espacio reducido. Todas las especies frutales podrían plantarse en una superficie grande, pero en superficies pequeñas necesitaríamos patrones de injerto débil. En huertos pequeños o jardines particulares las especies enanas serán en principio más adecuadas.
Hay que prever, por ejemplo, si será necesario disponer de una zona soleada en nuestro huerto para plantar hortalizas o si queremos plantar otras plantas que necesiten el sol. Un árbol que produzca demasiada sombra podría resultar un inconveniente. Este mismo árbol podría ser de mucha ayuda si lo que pretendemos es plantar especies de sombra. Hay árboles que poseen raíces muy poderosas y podrían afectar a otros cultivos al sustraerles la humedad o los minerales o incluso eliminar las otras plantas por la emisión de toxinas a través de sus raíces. Este fenómeno, conocido como alelopatía, se da en algunos árboles frutales como el nogal, que produce juglona, un componente que inhibe el crecimiento de otras plantas a su alrededor.
Calcular la orientación que nuestro árbol frutal debe tener es muy importante. En general, los frutales prefieren los lugares soleados y resguardados. En estas condiciones los árboles producen más frutos y de mejor calidad. Si disponemos de un muro, una verja o un arco podemos plantar sobre ellos árboles guiados. Es necesario asegurarse antes de escoger el árbol adecuado, dado que el crecimiento de este tipo de plantas es bastante lento comparado con otros vegetales y no resulta demasiado adecuado cambiarlos una vez crecidos porque nos hemos equivocado de emplazamiento. Esto conllevaría muchos gastos y un retraso considerable en la producción de frutos.
– Elección de los polinizadores: La mayoría de árboles frutales necesitan ser polinizados para que produzcan frutos. La polinización en los árboles frutales es mayoritariamente entomófila, es decir la realizan los animales, especialmente los insectos y, entre estos, destacan las abejas. Unos pocos son polinizados por el viento, por lo que disponen de lo que se llama una polinización anemófila. Los organismos que transportan el polen se denominan agentes polinizadores.
Además del agente polinizador también se consideran árboles polinizadores aquellas variedades de árboles que suministran el polen adecuado para que otras variedades de la misma especie puedan ser polinizadas. Si solamente vamos a utilizar un solo árbol, es mejor escoger aquellos que sean auto fértil. Los árboles que necesitan una polinización cruzada deberán plantarse junto a otras variedades que aseguren su polinización. Esto se hace particularmente necesario cuando plantamos manzanos, cerezos, ciruelos o perales.
Elección de los patrones de injerto: Antes de realizar la plantación es necesario elegir los patrones de injerto. Los patrones de injerto son la base sobre los que se fijarán los injertos, que son las yemas o tallos que, unidos al patrón, desarrollarán el nuevo árbol frutal. A la hora de elegir los patrones de injerto hemos de tener en cuenta que estos pueden ser de dos tipos:
– Patrón de injerto vigoroso, que es utilizado para conseguir formas de árbol libres. Por ejemplo, en el caso de los manzanos se pueden utilizar los patrones M25 si queremos desarrollar un árbol grande o el M7, EL M9 o M27. Para árboles pequeños.
– Patrón de injerto débil, que se utilizada para conseguir formas tutoradas o empalizadas. Por ejemplo, en el caso de los manzanos, se utilizan los patrones M9 o M27.
– Preparación del terreno: Antes de la plantación resulta necesario preparar el terreno adecuadamente. Esta faena se llevará a cabo un año antes, durante la primavera u otoño. Es importante realizar un análisis de la composición de suelo para saber si este cumple los requisitos para el cultivo escogido. Este resulta determinante en principio, aunque se puede corregir mejorando la composición del mismo. La preparación del terreno conlleva la aireación del mismo a través de la arada, que debería ser superficial para no alterar demasiado la composición del mismo. Es también durante esta época cuando deben añadirse aquellos fertilizantes adecuados. Un abono de fondo, rico en fósforo y potasio o la adición de estiércol pueden mejorar su composición y fomentar una mayor riqueza biológica.
– Compra del material: Antes de la plantación deberemos comprar el material adecuado que se va a plantar. Para ello podemos optar por alguna de estas soluciones:
– Comprar los árboles ya formados: Podemos escoger ya árboles crecidos de 3 años o más, con lo cual avanzaremos el tiempo de producción y nos ahorraremos la faena de injertarlos. El problema de escoger esta solución es que los árboles formados resultan más difíciles de guiar, en el caso de que sea necesario, y, además, resultan muy caros. Una solución intermedia es comprar árboles de un par de años que pueden producir frutos pronto pero todavía están a tiempo de ser formados o guiados.
– Comprar plantones: Se denomina plantón a aquel árbol joven que ha sido dispuesto para ser plantado. Es un árbol virgen que todavía no ha sido podado. Suele tener una altura aproximada de 1 metro y un año de edad. La mayoría de los plantones de los árboles frutales ya están injertados, aunque son muchos más baratos que los árboles ya formados y podemos guiarlas o formarlas tal como queramos. Tanto si compramos un árbol o un plantón, hemos de acudir a algún centro de confianza para adquirir ejemplares fuertes y que estén sanitariamente certificados, es decir que tengan la garantía de estar libres de enfermedades. Deberemos fijarnos bien que correspondan a la variedad escogida.
Independientemente de nuestra elección, a la hora de comprar árboles o plantones debemos tener en cuenta que estos pueden ser comprados en contenedor o a raíz desnuda. Los árboles de contenedor están disponibles todo el año.
En los de raíz desnuda debemos comprobar que las raíces no estén resecas o rotas y que su crecimiento sea uniforme. En caso de comprar ejemplares en contenedor o en cepellón, tendremos en cuenta que las raíces no sobresalgan por debajo o que estén demasiado apretujadas, que la tierra no esté reseca o llena de hierbas.
– Comprar patrones de injerto: Los patrones de injerto resultan todavía más baratos y nos permiten injertarlos con la variedad del árbol frutal que deseemos. Es importarte comprar patrones de injerto en tiendas especializadas para producir árboles de calidad y libres de plagas y enfermedades. Las tiendas especializadas pueden aconsejar que patrón nos resulta más adecuado en cada caso. El patrón es el que proporciona el tamaño, la velocidad de crecimiento o la resistencia a ciertas enfermedades. Sobre el patrón se injerta la púa que es la que determinará el tipo de frutos producidos.
– Marcar el lugar de plantación: Antes de la plantación deberemos marcar el lugar donde deberán ser plantados los árboles. Esta planificación deberá tener en cuenta que condiciones necesita cada árbol para desarrollarse y cuanto espacio necesita para convertirse en un árbol adulto.
– Realización del ” pringue”: El pringue es una mezcla caldosa de agua y tierra. Se utiliza como líquido humedecedor que favorece el desarrollo de las raíces en los árboles frutales que se plantan “a raíz desnuda”. Para llevarlo a cabo se llena medio recipiente de agua y se le va echando tierra hasta que se obtenga una pasta cremosa en la que se introducen las raíces de los plantones. No es necesario este proceso aunque, si se lleva a cabo, favorece el enraizamiento de los nuevos árboles sobre todo aquellos que se plantan tarde.